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Mostrando entradas de mayo, 2026

LA PIEDRA DEL GIGANTE GRUÑÓN

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  🌲 La leyenda de la Piedra del Gigante Gruñón 🌲 Hace muchísimos, muchísimos años, cuando nuestros abuelos todavía no habían nacido, en el pinar de La Zarza vivía un gigante muy, pero que muy gruñón. Se llamaba Gorka y, aunque era enorme y fuerte como un pino centenario, siempre estaba de mal humor. A Gorka no le gustaba el canto de los pájaros, ni el olor de las flores, ni la luz del sol. Lo que más deseaba era el silencio y la oscuridad. Un día, harto del ruido y de la alegría del bosque, decidió hacer algo terrible: ¡robar el sol! Aquella noche, mientras todos dormían, Gorka subió hasta la cima del cabezo de los Silos y, con sus grandes manos, atrapó el sol en una red hecha con ramas de zarza. Después corrió hasta su cueva y lo encerró detrás de una enorme puerta de piedra, tan grande que nadie podía moverla. A la mañana siguiente, el pinar despertó sin luz. No había sol, solo frío y oscuridad. Los pájaros dejaron de cantar, las flores se marchitaron y los pinos parecían trist...

La Isla de los Minicantos

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  En medio del Dique de Puerto León, en el pueblo de  La Zarza,  hay una pequeña isla que casi nadie conoce. Se llama la Isla de los Minicantos. Durante el día parece una isla tranquila, llena de pinos, juncos, piedras y agua brillante. Pero allí viven unos seres diminutos y mágicos: los Minicantos. Son muy tímidos. Si oyen pasos fuertes, voces altas o ramas que se rompen, se esconden enseguida entre las rocas y los árboles. Por eso casi nadie los ve. A veces, quienes caminan despacio y miran con atención sienten una pequeña chispa en el aire… como si algo los estuviera observando con curiosidad. Cuando cae la noche y la luna se refleja en el agua, los Minicantos despiertan. Entonces empieza su momento favorito. En silencio, se reúnen en la orilla y cruzan hasta un rincón secreto del pinar: el Valle de las Piedras Bailarinas. De día, aquel valle parece dormido. Las piedras descansan quietas entre la hierba y la tierra. Pero cuando llega la noche, todo cambia. Los ...

El Valle de las Piedras Bailarinas

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  El Valle de las Piedras Bailarinas En La Zarza había un pinar al que los niños del pueblo iban muchas tardes. Les gustaba caminar entre los árboles, seguir senderos estrechos, escuchar a los pájaros y respirar aquel olor de resina, tierra tibia y agujas secas de pino. Una tarde de verano salieron juntos Clara, Leo, Vera, Bruno y Nora. Clara caminaba delante, porque siempre encontraba caminos escondidos. Leo miraba el suelo para descubrir huellas, piedras curiosas y senderos seguros. Vera llevaba una libreta pequeña donde dibujaba las cosas que le llamaban la atención. Bruno se fijaba en las luces, las sombras y las formas que hacían las ramas. Y Nora, la más pequeña, lo miraba todo con ojos de asombro. Caminaron un buen rato. El sol empezaba a bajar y el pinar estaba tranquilo. De pronto, el sendero se abrió. Delante de ellos apareció un pequeño valle escondido. Los cinco se quedaron quietos. Había piedras redondas, lisas y plateadas. Algunas parecían apiladas unas sobre otras co...