EL CABEZO DE LOS SILOS: LA LEYENDA DE LA MONTAÑA ROJIZA



EL CABEZO DE LOS SILOS

La leyenda de la montaña rojiza

En La Zarza-Perrunal, si miras bien hacia el horizonte, verás una montaña que no se parece a ninguna otra.

Es rojiza. Brillante. Con franjas de colores que van del naranja al violeta, del blanco al marrón oscuro.

Se llama el Cabezo de los Silos.

Y a sus pies hay un lago. Un lago muy raro. Un lago de agua roja.

Los niños que lo ven por primera vez siempre preguntan lo mismo:

—¿Por qué la montaña es de ese color?
—¿Por qué el agua es roja?

Y los mayores sonríen de una manera extraña antes de empezar la historia.

Hace muchísimos años, el Cabezo de los Silos era mucho más grande que ahora.

Tan grande… que casi tocaba las nubes.

Y algunas mañanas, cuando amanecía, parecía estar tan cerca del Sol que casi podían hablarse en secreto.

Muy cerca de allí, entre los árboles del Pinar, vivía Gorka, el gigante gruñón.

A Gorka no le gustaba el calor. Ni la luz brillante. Ni los largos días de verano.

—¡El Sol molesta demasiado! —gruñía siempre.

Así que una noche tuvo una idea terrible:

¡robar el Sol!

Cuando todos dormían, Gorka subió hasta la parte más alta del Cabezo llevando una enorme red hecha con zarzas del Pinar.

Se escondió detrás de las rocas y esperó.

Pero aquella mañana el Sol salió antes de lo normal, feliz por iluminar los caminos, los pinos y los animales del bosque.

Gorka, que se había quedado medio dormido, despertó sobresaltado.

—¡Ahora! —gritó.

Y lanzó la red.

Entonces ocurrió algo mágico.

La gran bola dorada quedó atrapada entre las zarzas…

pero un rayito pequeño, pequeñísimo, consiguió escapar.

Era un rayo travieso y brillante llamado Lumi.

Lumi salió disparado y encontró una puerta secreta escondida dentro del Cabezo de los Silos.

Nadie sabía que aquella puerta existía.

Y allí se escondió.

Esperando.

Esperando a que Capi, el conejo valiente, y sus amigos del Pinar consiguieran liberar al Sol.

Mientras esperaba, Lumi fue calentando poquito a poco el interior de la montaña.

Y sucedió algo maravilloso.

Las piedras oscuras comenzaron a cambiar.

Algunas se volvieron rojas como brasas. Otras naranjas como el fuego. Otras doradas como la miel al sol. Y algunas brillaban violetas como el cielo al anochecer.

Cada día aparecían nuevos colores.

Y el Cabezo entero comenzó a transformarse en una montaña mágica.

Pasaron muchos años.

Tantos, que las personas empezaron a llegar desde lugares lejanos para admirar aquella montaña de colores.

Y un día llegaron también los mineros.

Con picos y palas comenzaron a cavar la tierra buscando las piedras brillantes que escondía el Cabezo.

Trabajaban hombres y mujeres desde que amanecía hasta que salían las estrellas.

Golpe a golpe…

Tac… tac… tac…

Fueron abriendo un agujero enorme en la montaña.

Tan grande, tan grande, que terminaron llamándolo La Corta.

Porque habían cortado una parte del Cabezo.

Y cuando la lluvia llenó aquel gran hueco, el agua se volvió roja al tocar las piedras mágicas calentadas durante años por Lumi.

Por eso el lago sigue siendo rojo todavía hoy.

Dicen los más viejos de La Zarza que, en las noches tranquilas, cuando el viento apenas mueve los pinos, todavía puede verse una pequeña luz dorada brillando entre las rocas del Cabezo.

Es Lumi.

El pequeño rayo escondido.

Cuidando los colores mágicos de la montaña rojiza.

FIN

Colorín, colorado,
el cuento se ha acabado.
Y en el Cabezo brillante,
Lumi sigue iluminando.

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