El fuego presentido

 El fuego presentido

Antes de que ardan los campos,
antes de que nazcan la llama,
la tierra ya nos avisa,
manda señales, reclama.

Los pastos crecen sin miedo,
esperando su desbroce;
la maleza abraza el monte,
sin nadie que la controle.

La calima cubre el cielo,
dibuja grises de sombras;
el calor se vuelve eterno,
secando raíces y hojas.

Y luego llega el hombre:
el interés, la venganza,
el descuido, la imprudencia…
la chispa que todo alcanza.

Y todo comienza.

Comienza el fuego, las llamas,
el humo, que todo lo borra,
los gritos, el miedo, la rabia.

Y acaba la calma.

Se rompe el silencio a gritos,
arden los sueños despiertos,
arden los pastos y montes,
arde la memoria de un pueblo.

Pero el fuego no es traidor,
manda señales de aviso;
señales que no escuchamos,
señales que desoímos.
Porque antes de la quema,
antes del dolor y el miedo,
el monte pide cuidado,
Nos pide que lo cuidemos

Protejamos nuestros campos,
Hagamos por merecer
porque un monte abandonado
es un fuego por nacer.

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