LA NOCHE EN LA QUE LUMI Y LOS MINICANTOS ILUMINARON LA VELADA
✨ La noche en que Lumi iluminó la Velada de La Zarza ✨
En La Zarza-Perrunal hay una pequeña isla rodeada de agua. Se llama la Isla de los Minicantos.
Está llena de piedrecitas redondas, lisas y de muchos colores. Son piedras llevadas por los Minicantos, que allí practican cómo hacer las torres de piedras bailarinas. Los niños del pueblo siempre juegan a buscarlas.
Pero pocos saben que, cuando cae la noche, los Minicantos despiertan. 🌙
Abren sus ojitos.
Estiran sus pequeñas piernas y corren a buscar más piedras.
Y empiezan a reír bajito para que nadie los descubra.
Porque los Minicantos son los guardianes de la alegría.
🏮 Una tarde de verano, todo el pueblo estaba preparando la Velada de La Zarza. Había farolillos de colores, música, mesas llenas de dulces, y los niños corrían de un lado a otro esperando que llegara la noche.
Pero desde lo alto del Pinar, Gorka, el gigante gruñón, miraba enfadado.
—¡Demasiadas risas! ¡Demasiada luz! —gruñó.
Y decidió hacer una travesura. Esperó a que anocheciera y lanzó sobre el pueblo una enorme manta de nubes negras.
De repente… ¡Todo quedó a oscuras! 🌑
Los farolillos se apagaron.
Las calles dejaron de brillar.
Y la música se detuvo.
Los niños comenzaron a preocuparse.
⚡ Muy dentro del Cabezo de los Silos, el pequeño rayo Lumi sintió que algo no iba bien.
—¡La Velada no puede quedarse sin luz! —exclamó.
Entonces salió por la puerta secreta de la montaña y voló hasta la Isla de los Minicantos.
—¿Nos ayudáis? —preguntó Lumi.
Los Minicantos sonrieron.
—¡Claro que sí!
Lumi tocó con su luz cada una de las piedras que guardaban los Minicantos.
Una… Dos… Diez… Cien… Mil…
Y ocurrió un milagro. ✨ Cada piedra comenzó a brillar como una diminuta estrella.
🔴 Las rojas parecían brasitas.
🟡 Las amarillas, pequeñas luciérnagas.
⚪ Las blancas, trocitos de luna.
🟣 Y las violetas, pedacitos del cielo al anochecer.
Entonces los Minicantos salieron rodando con sus piedras por todos los caminos del pueblo. Rodaban entre las calles. Subían escaleras. Se escondían entre las macetas. Iluminaban los balcones.
Y llenaban el Paseo, la Plaza del Minero y la Caseta con miles de puntitos de luz. Parecía que las estrellas habían bajado del cielo para celebrar la Velada. 🌟
Cuando Gorka vio aquello desde el Pinar, no pudo creerlo. Había apagado el Sol… pero no podía apagar la alegría. Ni la amistad. Ni la magia de un pueblo entero.
💫 Desde entonces, cada vez que llega la Velada de La Zarza, los más pequeños buscan entre las piedras alguna que brille. Dicen que, si encuentras una al caer la tarde y la sostienes con mucho cariño entre las manos, Lumi te regala un destello para sacarte una sonrisa.
Y mientras exista un niño capaz de sonreír, la Velada de La Zarza nunca volverá a quedarse a oscuras.
Porque la luz más bonita no viene del Sol. Viene de los corazones que saben compartirla. ❤️
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